31 diciembre 2009

Para el dia último del Año.





Para mi invicta inspiración es un regocijo dar muestra de noble fertilidad…
Recién creado este video, pretende hacer un viaje alegórico por edades, abrazar aromas, besar soledades… y ¿Para que hablar? ¡Cuando tengo la bendición de la música! Espero que lo disfruten.




Carta a los años de “Nostalghia”
 (Fragmento, Nasthenka)

Hoy, me he jurado no escribir más.
No traicionaré a mi razón con tan recurrentes abandonos, cesaré batalla con mis contrariados pensamientos. Hoy abrazo mis recuerdos como amarras, consolándome en la idea de que todas las imágenes de mi vida desfilan ante mí en el espejo. En un solo momento, este.
Hoy me mire al espejo, ¡vaya idea!, y aprecie en mis gestos la suave brisa de la infancia, la dura marca que ha dejado otro año tras de sí. En el espejo vi de pronto todas mis edades, todos los seres que algún día fui y que esta noche viajan a mi costado; en silencio escuche de pronto todas las risas y los enfados, consumí momentos completamente inútiles, repase horas de tedio me halle segundo que cambiaron de pronto toda mi realidad.
Hoy, decidí aplastar recuerdos, agotar memorias, arrojar embargos, estruje la hoja donde alguna vez ame, -donde estuvo escrito “el nombre de mi duelo”- donde imprimí aquellos versos que tanto ofrende.
Diluí en el agua viejos retratos de rostros que ya no responden al presente, que ya no son, que nunca fueron… Exhale palabras innecesarias que ya no volveré a pronunciar, y me dije quedo: “Esto que queda, esto que soy, debe ser lo esencial”. El tiempo disuelve en éter las solidas aristas del pasado, supongo que así es, supongo que así corre la vida de un hombre, un día infesta de amores, otro desgarra con olvidos…

Yo estoy aquí después de muchas noches, arrastradas por recuerdos ya infieles, hay sucesos que los dedos del tiempo no logran tocar, que son niebla, que son espuma. Hay momentos que ni la memoria puede poseer; sabores, olores... ¡Tiempo! no hay nada más humano que usar medidas para asignar lo que no comprendemos. Estoy aquí luego de algunos silencios, después de muchas ausencias, arrumbada entre muchas lunas. Solo entre espasmódicos destellos brillo en la mente de aquellos en quienes tal vez me di, celosa, siempre a gotas.

Un nombre salta entre los míos, entre los que me han dejado un amplio espacio justo el que se necesita para sentarte a orillas del lago y quererte ir deberás contra el piso. “Alguna vez tuve lleno el corazón de ternura, alguna vez mi alma desbordaba de afecto y de cariño” (¡cuántas imágenes se abren ante esta atroz frase!).
Mi pluma tuvo la exigencia de ser fiel a todos los escenarios que habitaron en mí, es por eso que mis letras fueron siempre una extensión de mis caricias, una falange invisible que marchaba a sus espaldas, sitiando, eterna, su mirada hacia mí. Un universo que a veces ardía, que ardía pariendo engendros, engendros de un detestable creador, abismos hambrientos que gemían de angustia. Entre las formas que ame también concebí  halos que se extendían más allá de lo decible, paraísos inmaculados tintados sobre blancos lienzos, formas humanas y sobre humanas que bailaban al ritmo de una suave poesía; y sus ojos, esos ojos que lo leían todo, ojos grandes y largos, esos ojos que de una sola mirada eran capaces de contemplarlo todo.
Sus letras fueron para mí el abrigo imprescindible en una inclemente helada, el trago de miel que dulcifica al alma, el bálsamo que bautiza al hereje, la paz que golpea al intranquilo…

Sus letras fueron la fuerza que hace que la flor se abra desde dentro, sus letras abrieron mi corazón como gruta, su voz se adentro en mi garganta emitiendo el más hermoso verso haciendo que brotara agua de la roca, haciendo que surgiera el milagro. Sus letras fueron mi milagro.
Conservo mis cartas, sus cartas, sus cartas son ahora un dialogo constante, una plática que nutre a mis recuerdos. No me he quedado sin su voz porque le hago hablar a voluntad, a través de su silencio.
Pero el tiempo derrumba todo lo que no tiene estructura, y solo quedan ruinas, migajas de recuerdo. ¡Recuerdo! ¡Qué preciado consuelo me armas para derribarme cuantas veces quieres!... Pensando el dialogo que ayer rezaba...  Anhelo vano por alcanzar el tiempo, es la poesía el lienzo de lo ya vivido y el reloj inverso de lo nunca muerto!


Hoy he apagado la luz. Hoy dejo de escribir.








22 noviembre 2009

Experimento.





Una muy modesta presentación de este experimento. Me gustaría leer sus apreciaciones, y agradecer la gran ayuda de “Industrial Sick Orchestra”. Y en fin, ya que estamos en ello invitarlos al Myspace.





11 noviembre 2009

Pulcinella.







El hombre invisible se fabricaba máscaras. Las tenía de todas las expresiones: amor, celos, orgullo, duda, dolor.

Antes de salir a la calle las ensayaba frente al espejo. Con la máscara de poder se sentía capaz de dirigir multitudes, con la máscara de seducción pondría a las mujeres a sus pies... Queriendo aparentar el mayor número de matices acumuló novecientas noventa y nueve caretas.

Para la número mil decidió moldearse una de risa loca. La boca, mostrando enormes dientes, le llegaba de un lóbulo al otro. Cuando la tuvo terminada salió a pasearse con ella puesta. La gente, contagiada por esa grotesca expresión, se puso a reír a carcajadas. Cansado de tanto escándalo volvió a su casa y quiso quitársela: no pudo. ¡Se la había pegado a la piel! Tiró de ella, la rasguñó, le dio tajos, martillazos, inútil. Rabió, aulló, amenazó, lloró, imploró, inútil. La falsa risa ocultó su desesperación. Desfalleciendo de hambre salió a pedir ayuda. Los ciudadanos, sin darse cuenta de que sus gestos eran de angustia, volvieron a carcajearse. Regresó tristemente aceptando morir con esa cara de alegría. Al cesar de esforzarse en retirar la mueca se puso a pensar por qué le había sucedido aquello. De pronto comprendió. Con energía renovada destrozó las novecientas noventa y nueve máscaras anteriores. Cuando no quedó una sola entera, la carátula risueña se le desprendió de la piel como un pez muerto. El hombre invisible, desde entonces, aceptó vivir sin cara.