13 febrero 2010

El demonio patrono de la errata.








Por una suerte de penitencia inversa, espero la absolución de aquel impío que no deja de tenderme celadas. No en todas las historias interpreta al malo, algunas veces hasta a roseado de autentica originalidad a insulsos textos. Como demonio menor no debe subestimarse, pues las apariciones las hace todas a voluntad, y es siempre esmerado en hacer invisible la trampa ligada entre el lenguaje y la falibilidad.

Los experimentados correctores clasifican categorías de erratas, entre las que vienen en ejercito, gazapos cuando abruman el texto, moscas si cubren abundantes la superficie de la página, y “lapsus cálami”, que nacen por un error del que escribe. También les llaman “la caries de los renglones”o sencillamente heridas en el texto.

De esas yagas, bástese saber, yo tengo muchas, auténticos textos sangrantes que aun no se vuelven desastrosas masacres pues la difusión en medios impresos crea el estruendo masivo de las grandes fechorías de este rufián. De esas trastadas da fe un periodista español que escribía una loa a la hija del dueño de su periódico, la cual atinaba así: "Basta escribir su nombre, Mercedes, para que se sienta orgullosa la tinta". Para desventura del escritor la versión impresa canjeo en la palabra tinta por tonta el periodista fue noblemente recompensado con el despido y una indemnización de un mamporrazo a manos del ingrato padre

Hay erratas muy poderosas, invencibles, que sobreviven a incansables revisiones como la que angustio una pobre que reclamaba al ministro una merecida recompensa por sus “infinitos servicios”, pero el demonio de la imprenta –pues él a quien dedico el texto– hizo poner "ínfimos". La mujer afligida se apresuró a corregir el error, pero la errata mutó incansable, y apareció "infames" al día siguiente. Desesperada, volvió a corregir la latosa palabra, sólo para comprobar una vez más que el ministro bien merecía un premio por sus "íntimos servicios".

Los poetas también han sido sometidos a befas por causa de este diablillo en un verso de Ramón de Garciasol dedicado a su esposa la errata fue: “y Mariuca y se duerme, y yo me voy de putillas.” Errores tales deforman y forman nuevos versos que corresponden ya no al azar, sino que según los monjes en la edad media, eran autoría de “Titivillus” discípulo Luciferiano, encargado de susurrar a los escribas errores garrafales para que los fuese acumulando en un saco, hasta formar tal cantidad que tuviese la legítima potestad el día del juicio final, de abrazarlos con las llamas del infierno.


Durante largos periodos este malévolo ser trabajo duras jornadas para poblar el infierno, y dedico largas veladas a trastocar letras y cambiar frases. Sin embargo, Titivillus se llevo el mayor regocijo luego de deslizar su hábil mano en la Biblia de 1716, ya que Jesús cambio el mandato por un: “vete y peca más”. Pero más aun, la favorita fue la que obligó a Moisés a descender del Sinaí ataviado con par de cuernos, en lugar de un rostro resplandeciente. Una mala traducción de San Jerónimo bastó para obrar el milagro haciendo esculpir a Miguel Ángel a un Moisés cuernudo, y llenar el saco del diablo con un solo error.

A veces pienso, este ser no es tan inclemente, llega a sugerir erratas que condensan un verso… dando un nuevo brío a su origen y naturaleza, pasa Titivillus de malhechor a un autor hábil y poco esforzado. La envidia de los escritores.