El tiempo disuelve todo lo superfluo…
“…Su voz, siempre fuerte, bien timbrada, sana y agradable. Ahora, apenas audible… que pareciese que algo dentro se iba a quebrar. Como si su voz no consiguiera mantenerse en pie, como si la canción misma estuviese enferma: cantaba a media voz, porque cuando pretendía subir el tono, la voz se rompía lastimosamente, como si en su pecho hubiera algo muerto, algo deshecho…”