16 octubre 2009

Destino

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Matamos lo que amamos. Lo demás
no ha estado vivo nunca.
Ninguno está tan cerca. A ningún otro hiere
un olvido, una ausencia, a veces menos.
Matamos lo que amamos. ¡Que cese esta asfixia
de respirar con un pulmón ajeno!
El aire no es bastante
para los dos. Y no basta la tierra
para los cuerpos juntos
y la ración de la esperanza es poca
y el dolor no se puede compartir.

El hombre es anima de soledades,
ciervo con una flecha en el ijar
que huye y se desangra.

Ah, pero el odio, su fijeza insomne
de pupilas de vidrio; su actitud
que es a la vez reposo y amenaza.

El ciervo va a beber y en el agua aparece
el reflejo del tigre.

El ciervo bebe el agua y la imagen. Se vuelve
-antes que lo devoren- (cómplice, fascinado)
igual a su enemigo.

Damos la vida sólo a lo que odiamos





4 comentarios:

  1. ésta no era otra entrada? o soñe que hablaba del alma... sin embargo gracias por tus entradas aveces me da la impresion de no estar tan solo jejeje y no ando de emo como una cierta persona, espero ver una entrada propia

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  2. Si Ian eres un fiel lector jeje, la cambie, digamos ahora que por cuestiones de afinidad... ya sabes este animo tan apagado mio, siempre predilecto a lo fúnebre. Espero que la hayas disfrutado tanto como a mi me hizo conmoverme. Gracias!

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  3. Días como el ya extinto, sabes que te pertenecen... arraigada estas cuando al compás de mi garganta, se cierra el cielo y en la oscuridad hace evidentes mis silencios... Tardes lluviosas llenas de un viento helado que te hacen mirar clemente al cielo mordiendo el labio para no llorar... Mentirme de nuevo para no matarme, suspirar agitado porque no puedo contener el aliento que me asfixia, regresar sobre mis pasos a aquel edificio, montruo de cristal que devora el tiempo, comienzo y termino de todo. Entonces te odio sordamente.


    "Bueyes, puercos años han pisado
    sobre mí. Surcándome, pudriéndome.
    Qué pesadumbre encolmillada,
    qué patas, qué escamas, qué desastre.

    Hoy muchos muertos me acompañan
    y muchas pobrezas, y sepulcros
    abiertos, sin causa recordados,
    brotan, vomitan, me apedrean:
    con barras de nuesos me encarcelan.

    Y la memoria me devuelve
    míseros, amargos niños; rabias
    envejecidas como calles
    anónimas, como estar enfermo.
    Igual que en otro mundo, en ese
    mundo me encuentro; como en otro
    tiempo, me persigo en ese tiempo
    de otra ciudad entre los muros
    de aquella ciudad que tú abrazabas;
    que fuera lengua tuya, voces,
    sabores; luz de piel viajera,
    trenes del camino en que llegaste."

    RBN

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  4. Mientras mis palabras te arañen.

    "No ayer ni mañana, ni siquiera
    en este día. Me hace falta
    con este momento, en este nudo
    temporal minúsculo que corta
    yo no sé qué espada; en esta ruina.

    Mientras me rompo para siempre
    de cansancio; mientras me duermo;
    mientras imagino tantas cosas
    que jamás haremos. Hablar juntos
    frente aquella mesa; mirar juntos
    una noche cualquiera, juntos.

    La estación de lluvia que remoja
    desde lejos mis huesos, quiebra
    su cosecha oscura en la ventana
    del cuarto de alquiler. Ajenos
    el olor de sábanas, el ciclo
    del espejo a ciegas, habitado.

    Y llamo la voz que debería
    estar aquí; los dientes claros,
    las uñas dormidas, la ceniza
    del sabor que cubre los rescoldos
    de la dicha; los cabellos idos
    de este momento, de este nudo
    de aladas raíces sin respuesta."

    Entrego al fuego tu imagen y reaparece en la ceniza.

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