
Habia transcurrido tiempo antes de que volviera a sentirme así... y es que la vida aprieta bastante, aprieta lo justo para que cuando estés al paso de la asfixia seas capaz de sacar fuerza para inhalar con el último aliento que te sobra, una brizna de aire, un miseria de viento... y, cuando tus pulmones y tu pecho han quedado lastimados, resecos y marchitos, por un resquicio en tu garganta se escapa una palabra, un consuelo. Entonces lo cotidiano adquiere significancia, y halagas a la vida la dura marca de su hierro, la bendita caricia de quien con lágrimas te regala lo eterno.
Llego un año más... este con su inescapable carga de pérdidas sin remedio!. Mi condición inevitable, es ahora presenciar con vividez los recuerdos remotos, que suelen ser los más gratos porque el lastre de lo vivido no se había abatido sobre mí...
ResponderEliminarAmargamente.
”Hay en mí más recuerdos que en mil años de vida.
Una cómoda llena de finales de cuentas,
versos, cartas de amor, con romanzas y pleitos,
y mechones espesos enrollando recibos,
guarda menos secretos que mi triste cerebro.
Es como una pirámide, un inmenso sepulcro
que contiene más muertos que la fosa común.
Soy como un cementerio que la luna aborrece,
donde largos gusanos, como remordimientos,
se encarnizan sin tregua con mis muertos queridos.
Soy un viejo tocador donde hay rosas marchitas,
un rebujo anticuado de las modas de ayer
y pasteles dolientes, y Bouchers palidísimos
respirando perfumes de unos frascos vacíos.
Nada existe más largo que los días ingratos
cuando caen los copos de los años nevosos;
el hastío, que es fruto de la triste desgana,
toma las proporciones de una cosa inmortal.
Oh, materia viviente, vas a ser desde ahora
el granito rodeado del horror más confuso,
dormitando en el fondo de un brumoso Sahara;
una esfinge ignorada por el mundo insensible,
olvidada en el mapa, cuyo umbrío talante
sólo canta a la luz que da el sol en su ocaso.“
C. Baudelaire
"Cabalgar, cabalgar, cabalgar, de día, de noche, de día.
Cabalgar, cabalgar, cabalgar.
Y el valor se ha cansado y la nostalgia es grande. No hay montañas, apenas un árbol. Nada se atreve a alzar-se. Chozas extranjeras se acuclillan sedientas en torno de fuentes cenagosas. En ninguna parte una torre. Y siempre el mismo cuadro. ¿De qué sirve tener dos ojos? Sólo en la noche parece que a trechos conoce uno el camino. Quizás de noche volvemos a recorrer la parte que a duras penas ganamos a la luz del sol extranjero. Puede ser. El sol es pesado, como en nuestro país en lo más duro del verano. Y fue en verano cuando nos des-pedimos. Los trajes de las mujeres brillaron mucho tiempo sobre el follaje. Y ahora hace mucho que ca-balgamos. Debe de ser el otoño. Cuando menos allá donde afligidas mujeres saben de nosotros."
R. Maria Rilke